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Cuentos de mediación ganadores 3

Escrito por Acuerda-MediacionFamiliar 07-10-2017 en Cuentosdemediacion3. Comentarios (0)

Estos son los 5 cuentos ganadores del concurso de Cuentos de Mediación Guanajuato 2017”que organiza –Espacio de mediación- y –Delegación Guanajuato de FIMEP. Gracias por contar con nosotros y ¡¡Felicidades a todos los ganadores!!

CUIDADO CON EL QUINTO PISO  

Por: Paulo Brito

En un lugar de la mancha (urbana) de cuyo nombre no quiero acordarme vivía un joven llamado Salomón, o Salo, como lo conocían sus amigos. Él prefería Salo, pues decía que si se pronunciaba rápido Salomón sonaba a salmón, y a él ni siquiera le gustaba el pescado.

Salo recién había conseguido un empleo en una compañía grande, pero para ello se tuvo que mudar de su ciudad natal. Encontró un departamento muy lindo y cerca de su trabajo. Aunque estaba en un quinto piso, no le molestó el hecho de tener que subir diario las escaleras pues tenía una vista espectacular del paisaje. Estaba a punto de comenzar su nuevo empleo, era la primera noche en su nuevo apartamento tras la mudanza. ¡Todo marchaba de maravilla! Bonita casa, buen empleo, linda vista, no podía pedir nada más… ¿O sí?

Observando el atardecer desde su nuevo apartamento Salo recordó aquel día que había ido por primera vez a ver el apartamento donde viviría. Subía las escaleras con el agente inmobiliario y alcanzó a escuchar a los vecinos del primer piso susurrar –mira, ahí viene otra pobre víctima. Noto que los vecinos del segundo piso se reían de él discretamente; los vecinos del tercer piso no fueron tan discretos y se rieron en su cara. Cuando los vecinos del cuarto piso le advirtieron que no se cambiara a ese piso él empezó a temer por su seguridad, pero el agente inmobiliario lo tranquilizó diciendo que ahí eran muy bromistas, que era su extraña forma de darle la bienvenida, que no tenía nada que temer, así que Salo ignoró las advertencias y burlas de los vecinos y decidió mudarse aun así.

¡Zaz! Un fuerte ruido interrumpió los pensamientos de Salo. Eran unos gritos como de personas discutiendo que se vieron seguidos por un azote de puerta de lo más intenso, tan fuerte que logró tirar la nueva plantita que Salo tenía en su ventana. El valiente joven salió de su nueva casa para ver que sucedía sólo para toparse con su nuevo vecino que recorría el pasillo. Era un señor de unos 70 años (por su aspecto tan senil se podría pensar que tenía incluso 100 años) con cabello canoso, un aspecto facial duro y poco amistoso, pequeño de estatura, pero con un sombrero que le hacía lucir más alto.  El señor venía sobándose la nariz y maldiciendo en voz baja. Salo trató de ser amable con su nuevo vecino. Extendió amistosamente su mano y se presentó. 

–Buenas tardes señor, mucho gusto. Soy su nuevo vecino, mi nombre es Salomón, pero puede decirme Salo. 

El señor no sólo no respondió su saludo sino que siguió caminando y murmurando maldiciones entre dientes. Llegó al apartamento que estaba junto al de Salo y mientras abría la puerta dijo en voz alta:

-Don Gustavo, y no olvides decirlo completo DON GUSTAVO, aunque te cueste más trabajo.

La respuesta grosera de Don Gustavo dejó muy contrariado a Salo, pero anochecía y tenía que levantarse muy temprano al día siguiente porque empezaría su nuevo empleo, así que decidió ignorar lo sucedido e ir a la cama.

Al día siguiente Salo volvía muy feliz de su primer día de trabajo, le había ido mejor de lo que esperaba. Llegó a su casa, subió velozmente las escaleras del edificio y cuando por fin llegó al quinto piso vio a una mujer algo robusta, de alrededor de media centena  de años de edad, con cabello negro, un chongo mal hecho y ropa deportiva algo desgastada. Ella estaba regando unas plantas ya marchitas en el apartamento junto al de Salo, opuesto al de Don Gustavo.

–Buenas tardes señora, soy Salo, su nuevo vecino. 

(Recordando la respuesta grosera de Don Gustavo Salo no extendió la mano esta vez). La señora con un gesto algo ofendido replicó: 

-¡señorita aunque le cueste creerlo! Y me llamo Patricia Dolores del Socorro, pero dime Lola, y no hagas tanto ruido al subir las escaleras, no seas maleducado. 

Salo quedó desconcertado por ser llamado maleducado por alguien que no había mostrado demasiada educación hacia él, pero hizo caso omiso del comentario y entró a su casa. Un rato después escuchó llegar a Don Gustavo, y fue directo a reclamarle a Lola. Sucedió el mismo espectáculo escandaloso de la noche previa, pero al saber a qué se enfrentaba Salo no quiso salir esta vez. 

Salo llevaba pocos días en ese nuevo apartamento y comenzaba a sentirse solo. Los padres de Salo le aconsejaron tener una mascota que lo acompañara en su nueva casa, le sugirieron adoptar un cachorro. Uno pequeño que pudiera tener en el pequeño patiecillo de servicio de su apartamento. Salo decidió seguir el consejo y adoptó un pequeño perrito salchicha. Lo llamó Canito. Era el perro más tranquilo que se pueda alguien imaginar. Incluso Salo se asustó al inicio pensando que podría ser mudo, ya que el cachorro no hacía ruido ni para comer, pero un día Salo arrojó por accidente una almohada sobre el cachorro y el pobre can dio un ladrido de susto. Fue entonces cuando descubrió que no era mudo. Salo llegaba feliz del trabajo, batallaba con las malas caras de Lola, pero se contentaba sacando a pasear a Canito. Más tarde escuchaba los acostumbrados reclamos de Don Gustavo, seguidos por el azote de puerta de Lola. Le reclamaba diario cosas distintas…que ocupaba su lugar de estacionamiento, que sus macetas estorbaban el pasillo, que sus plantas marchitas contaminaban la vista, por todo. Parecía que Don Gustavo sólo buscaba excusas para reclamar, y Lola le devolvía los reclamos con mucha intensidad. Después del azote se calmaban las cosas, sin embargo algunos días que llegaban a coincidir Lola y Don Gustavo por la mañana en el pasillo continuaban su pelea interminable. 

Así pasó un mes, dos meses, tres meses, pero Salo estaba poco contento con la situación por lo que decidió que era hora de intervenir y mediar las cosas. Un viernes saliendo del trabajo fue al supermercado y compró todo para hacer una gran cena gourmet. En su casa imprimió un par de invitaciones que se veían muy elegantes y las dejó en las puertas tanto de Don Gustavo como de Lola. A ambos los invitó a cenar a su casa el día sábado a las 8pm. Salo preparó todo para hacer de la cena un evento muy agradable. El primero en llegar, con la puntualidad de un tren a las 8 en punto fue Don Gustavo. Vestía su acostumbrado traje con parches en los codos y su desgastado sombrero, pero esta vez usaba también un moño. Tocó la puerta y Salo lo invitó a pasar. Don Gustavo esbozó en su cara una mueca que parecía ser una sonrisa algo oxidada, señal que no lo hacía muy seguido.

–Bienvenido Don Gustavo, póngase cómodo, está en su casa. -Dijo Salo-Espero a otra persona muy importante, no le importa que compartamos la cena ¿verdad?

-Pues si es tan importante no me importará seguramente. Traje una botella de vino, ¿dónde la puedo dejar? –respondió Don Gustavo.

Salo le indicó que sobre la mesa. Así que tomaron asiento y comenzaron a platicar. Salo descubrió que Don Gustavo era director de un colegio. También se enteró que cada día después del trabajo iba a visitar a su hija que trabajaba en una cafetería, por eso llegaba siempre tan tarde.

-¿La visita diario? ¡Increíble! Ella debe estar muy feliz de verlo todos los días -dijo Salo-.

-La verdad no, ella no sabe que soy su padre. Me separé de su mamá cuando ella era muy pequeña, y su mamá nunca me dejó visitarla. La busqué por todos lados y apenas me enteré hace un par de meses que trabaja ahí, la visito desde entonces buscando el valor para decirle que soy su padre pero temo que no reaccione bien-dijo Don Gustavo.

El sonido del timbre interrumpió la sensible plática. Don Gustavo aprovechó la interrupción para ir al baño mientras Salo abría la puerta. Apareció Lola bien arreglada, con un vestido azul y con un pay de manzana del cual emanaba un aroma muy agradable. Salo la invitó a pasar y tomaron asiento en la sala. Comenzaron a platicar acerca de lo feliz que estaba Lola de la invitación pues hacía mucho que no asistía a una cena tan elegante. (La verdad no la invitaban a ningún lado desde hace ya bastantes años) Salo agradeció el cumplido y le comentó que había otro invitado de honor esa noche, y le preguntó si ella no tenía problema con ello.

-Mientras no sea el gruñón de Don Gustavo todo está bien-contestó ella bromeando.

Salo buscaba que responder a dicho comentario cuando salió del baño Don Gustavo. Tanto Don Gustavo como Lola preguntaron casi en unísono que estaba haciendo el otro ahí. Comenzaron a gritarse. Salo no sabía qué hacer. Trató de ofrecerles galletas, de contarles chistes, e incluso de mostrarles su colección de corcholatas antiguas pero nada parecía cesar la pelea. En ese momento se percató de algo…en su prisa previa a la cena había dejado abierta la puerta del cuarto de servicio, y sucedió justo lo que temía…Canito llegó corriendo a toda velocidad, y asustado por los gritos de los vecinos comenzó a ladrar, como regañando a los señores por su manera inmadura de discutir. Ambos vieron al perrito e hicieron una cara que denotaba gran ternura. Resulta que entendieron el mensaje que trataba de transmitirles y tomaron asiento en silencio. El cachorro en agradecimiento se acercó a ambos moviendo la colita. Ellos lo acariciaron y sin darse cuenta estaban conviviendo como nunca lo habían hecho en tantos años viviendo juntos. Aprovechando el momento Salo explicó que quería solucionar de una vez por todas el problema entre ambos, y que agradecía su buena disposición para ello. Ambos explicaron sus respectivas perspectivas de los conflictos, y Salo fue proponiendo soluciones a todos y cada uno de ellos. Tanto Lola como Don Gustavo las escuchaban, complementaban, llegaban a acuerdos comunes. La velada siguió de una manera muy pacífica. Canito estaba feliz de recibir tanto cariño por parte de los invitados. Cuando terminaron con los acuerdos y también con la cena Lola les platicó que ella trabajaba en una clínica de asistencia familiar, por lo que Salo se tomó la libertad de comentar la situación entre Don Gustavo y su hija. Al principio Don Gustavo se molestó un poco porque era algo muy personal y le daba vergüenza la situación, pero Lola le ofreció su ayuda para ayudarle a reconectarse con su hija, por lo que Don Gustavo quedó muy agradecido. Don Gustavo ofreció a cambio algunos consejos de jardinería para que Lola pudiera revivir sus plantas.

 Desde aquella noche no se escuchó más el ritual de discusión entre Don Gustavo y Lola. No más gritos, ni más portazos. Muy al contrario, se escuchaban palabras de amabilidad y cordialidad. Don Gustavo pudo acercarse a su hija gracias a la intervención de Lola, y a su vez Lola tiene ahora las plantas más bonitas de todo el edificio en sus macetas. Canito es un perro muy feliz y consentido pues recibe muy seguido huesitos y juguetes de sus vecinos. En cuanto a Salo, no puede estar más feliz viviendo en ese quinto piso, con un gran empleo, con el mejor perro del mundo, la mejor vista de todas, y por supuesto, los vecinos más amables.


Cuentos de mediación ganadores

Escrito por Acuerda-MediacionFamiliar 07-10-2017 en Cuentosmediacion2. Comentarios (0)

Estos son los 5 cuentos ganadores del concurso de Cuentos de Mediación Guanajuato 2017”que organiza –Espacio de mediación- y –Delegación Guanajuato de FIMEP. Gracias por contar con nosotros y ¡¡Felicidades a todos los ganadores!!


EL EXTRAORDINARIO. 

Por: Leonel Torres Salinas

Aún brillaba la luz del sol a través de las viejas cortinas rojas que se mecían al viento; sobre una pequeña mesa se albergaba una triste flor de aquella habitación sombría, viciada por el humo de un cigarrillo sin terminar en el cenicero de cristal, el sutil hálito de un café, amargo por recuerdos interminables antes de despertar, despabilaba a una mente desordenada en el caer de la tarde; la cara le ardía y su cabeza era martillada por mil demonios pisoteando fuerte, el sabor a sangre en la boca hacía juego con los cardenales de su cuerpo. Trataba de recordar el pobre Ignacio, trataba de entender lo que recordaba  y trataba de negar lo que entendía.

-Mijo, ya va siendo hora de que se levante, ¡ánde a traerme un poco más de leña!

Doña Eduviges del Socorro estaba a un lado del fogón, removiendo unas ollas y cortando unas hierbas en la mesa, los surcos en su piel daban fe de los muchos años que hubieron de pasar por su frente para tener esa faz morena, tranquila y chimuela, con sus manos cansadas pero pacientes, removía una y otra vez aquel menjurge del cual se desprendía un extraño aroma.

Incorporándose de a poco, levantóse Ignacio con gran dolor, el cuello torcido y un hombro dislocado, apuró de un trago el chupito de mezcal al lado del jarro de café, escupiéndolo enseguida al sentir en su boca el fuego del alcohol en las heridas; se limpió con el puño de su camisa y procedió a sorber de aquél café de olla con piloncillo, que tanto le había gustado de escuincle cuando visitaba a su abuela.

-Madrecita, siento la cabeza tan revuelta, ¡y tan dolorida! que creo ya está toda quebrada, pos se me jueron las memorias y ya no sé ni a qué hora he pasado de mi casa a la de asté.

-Esto es un asunto mijito, que pronto has de resolver, búllele por la leña y atízale a las brasas, que con este remedio te será más fácil ver.

Saliendo entre pensamientos confusos y enmarañados, Ignacio fue por la leña mientras su abuela acababa de ponerle los últimos manojos de árnica y belladona a la infusión, con fermento de maguey y cocido de biznaga pelona, que solo la gente más grande y vieja del rancho de “El Varal” sabía preparar.

Al entrar su nieto y arrimarle las ramas y troncos secos que había juntado, avivó el fuego que triste aparentaba consumirse, le indicó se sentara en la mecedora en el patio frente a la casa, al lado de los columpios de costales y mecates, que había puesto el buen Ignacio en los huizaches, para cuando sus retoños se aburrieran al visitarla, dándole una vista de los cerros tan bonitos, tan reverdecidos en las lloviznas de finales de verano y principios del otoño acá en el Guanajuato.

En esto estaba pensando apesadumbrado Ignacio, sentado en la mecedora, mientras sus ojos se llenaban del último naranja de la tarde, cuando su abuela con otro humeante jarro llegaba a interrumpirle amablemente, le hizo extender el brazo, y la viejecita valiéndose de su poca fuerza y el vaivén de la silla, acomodóle el hombro dislocado de un tirón bien pronunciado que ni él mismo se creyó.

-Tómese este tecito mijo, y entre más le tome y más feo le sepa, usté no se raje hasta que le haya visto fondo, y cuando se lo encuentre, déle un saludo de mi parte.

Pensando en haberle escuchado mal la última parte, empezó a beber de aquel viscoso y amargo revoltijo, sintiendo que las tripas se le volteaban al momento, aferróse a seguir en tal faena, que pronto ya no hubo más del contenido.

Por un momento de eructos encontrados, iba sintiéndose devolver cuando de pronto, su vista se oscureció y perdiendo el equilibrio sentía en sus miembros como se iban desvaneciendo entre los cerros, hasta que de repente no hubo más mundo que sí mismo en un espacio oscuro, sin nada más que una profunda soledad iluminada fugazmente por espectros de colores que efímeros danzaban ante sus ojos. Ahí fue cuando al fijar la vista en la negra inmensidad, le pudo identificar, blanco, blanco como la nube en el cielo, como el coral del mar, un punto en lo lejano que crecía al dirigirse hacia él.

-¿Cómo estás Ignacio? ¿Hay algo que quieras saber?

De repente, como un rayo en la tormenta oscura, Ignacio le reconoció, pues su padre y el padre de su padre le habían platicado de aquél señor de barba blanca, que no había nada oculto para él, y todas las respuestas en sus ojos se reflejaban con tan solo mirarlo, aquél individuo conocido como el extraordinario, era él, ése que estaba frente a Ignacio.

-Señor, fíjese asté que hoy he despertado molido, agotado y sin memoria, en una casa diferente a la mía cuando se supone debía haber llegado con mi Susanita pa comer y enseñarle unos trabajos a mi chilpayate, a mi dieguito.

-Ya sé de qué me hablas, bueno, te explicaré, haz de cuenta que hoy del trabajo hubiste llegado, cansado y sin comer, cuando pronto entrando a casa, te encuentras al patrón con tu mujer y sin pensarlo ni un segundo tu machete a su cabeza fue a caer.

Como sus matones le estaban buscando, su grito les comunicó, que en tu casa y con tu mano al señor llegaste a herir, apurando el paso entraron y tu pronto para huir, pos te fueron correteando para ver tu alma morir.

De tanto miedo fuiste por las calles empedradas, y en un traspié te alcanzaron a surtir, pero te zafaste de milagro y en la sierra caíste revolcado, arrastrándote a la casa de tu vieja abuela santa.

Esto fue lo que pasó, pero a tu abuela yo le debo algunos favores, así que te daré la oportunidad de que vuelvas a elegir, tienes que tomar en cuenta, que aunque los impulsos y el coraje son de los sentimientos más humanos, la prudencia y la comunicación son las herramientas que se les han dado a los hombres para irse construyendo más allá de lo animal. Le mando muchos besos a mi Eduviges.

En eso, como si de un sueño se tratase, en el campo Ignacio despertó, al mirar su reloj se percató de ser justo la hora de salir del trabajo, tomó sus cosas y ampliamente consternado sobre lo que había sido realidad, llegaba a la casa para encontrar al Don Refugio con su esposa, tal y como se lo había contado el extraordinario, pero en vez de sacar su machete, agarró a su mujer y el patrón confundido se empezaba a disculpar en lo que llegaron sus matones, subieron a la camioneta a su jefe y se marcharon sin más.

Ignacio no había tenido una vida fácil, el ser abusado por el cacique de su rancho y con la necesidad de los sábados salir del pueblo para Silao y de Silao a León, con su costal de chiles que habría de llevar en la oruga apretado y llegar al centro para ofrecerlos a dos pesos por kilo, se hubiera contentado por continuar la historia como ya se la habían mostrado, pero aquella no terminaba bien ni para él, ni para su Susana ni su dieguito.

Así fue como decidió ir hasta Guanajuato en búsqueda de cómo arreglar el agravio que había tenido su familia, hasta llegar al Centro Estatal de Justicia Alternativa del Estado de Guanajuato donde le aconsejaron tomar el servicio de mediación como forma alternativa para resolver su conflicto.

Se procedió con el proceso, y Don Refugio, aunque era un hombre ambicioso, no era de mal proceder, atendiendo a la propuesta se les asignó un mediador, con ayuda del cual Ignacio pudo saber, del engaño de la esposa del patrón y que en la borrachera había entrado a su casa para olvidarse de aquélla mujer.

Ambos llegaron al acuerdo de un desagravio por parte del patrón y una mejora de las condiciones laborales ante las cuales se regía Ignacio, reconociéndolo como buen trabajador y hombre de valor.

Fin.


Cuentos de Mediación ganadores

Escrito por Acuerda-MediacionFamiliar 07-10-2017 en Cuentosmediación1. Comentarios (0)

 Estos son los 5 cuentos ganadores del concurso de Cuentos de Mediación Guanajuato 2017”que organiza –Espacio de mediación- y –Delegación Guanajuato de FIMEP. Gracias por contar con nosotros y ¡¡Felicidades a todos los ganadores!!


EN SUS MARCAS, LISTOS, ¡MEDIACIÓN! 

Por: Teresita Navarrete Villa

Hace mucho tiempo existió un lugar llamado Villa Alfalfa. Tenía un cielo completamente azul y nubles muy blancas. Sus calles siempre lucían limpias, todas sus casas tenían hermosos jardines, muchos  árboles y flores de todos colores.

En Villa Alfalfa vivían roedores de todos tamaños, desde pequeños ratones hasta grandes conejos. A pesar de las diferencias que existían entre sus habitantes en ella reinaban los valores del respeto, la amistad y la cooperación. 

En la calle Zanahoria vivía Aidé, una cobaya, su primo el conejo Mateo y su amigo Javier, un hámster. Después de la escuela,  al terminar sus tareas, se reunían por las tardes a jugar, les gustaba subir a sus bicicletas, recorrer toda la villa y competir para saber quién era el más rápido de los tres. Sus bicicletas eran muy bonitas, tenían colores brillantes y grandes ruedas, pero la bicicleta de Mateo se distinguía de las demás porque tenía una pequeña canasta que le habían regalado sus papás.

Un día, Aidé fue a visitar a su abuelita Rosa que vivía del otro lado de la ciudad y no pudo ir a jugar con Mateo y Javier. No era la primera vez que alguno de ellos no estaba, así que la ausencia de Aidé no impediría a Mateo y Javier divertirse como todas las tardes.  

Todo transcurría como de costumbre, ambos disfrutaban de aquel atardecer cuando, ¡de repente!, tuvieron la idea de intercambiar sus bicicletas para darle un toque diferente a la última carrera del día. 

Mateo subió a la bicicleta de Javier y Javier a la de Mateo, ambos se acomodaron en la línea de salida y gritaron al mismo tiempo —¡En sus marcas, listos, fuera!—.

Inmediatamente Javier tomó la delantera, iba tan rápido que apenas podía distinguir los árboles que pasaban junto a él. 

Pocos segundos después Mateo lo rebasó, se podía ver como el viento levantaba sus largas orejas. Mientras Javier gritaba —¡Te alcanzaré!—.

Faltaba poco para llegar a la meta cuando ¡zas!, Javier se había caído. Mateo escuchó el golpe, se detuvo y fue a confirmar que Javier estuviera bien. Afortunadamente Javier no se había lastimado pero la canasta de la bicicleta se había destruido. 

Javier se puso de pie, vio a Mateo y le dijo —Lo siento, fue un accidente—. Mateo tomó la bicicleta, se dio la vuelta y sin pronunciar palabra alguna se fue a su casa. Javier no sabía qué hacer, así que agarró su bicicleta y también se fue a casa.  

Al día siguiente Aidé se sentó en la banqueta de la calle, esperando que Mateo y Javier salieran a jugar.—¡Tic, tac, tic, tac!—, sonaba el reloj, pero nadie salía. 

Pasaron algunos minutos y por fin aparecieron, pero ni siquiera voltearon a verse. Aquella situación era preocupante y muy incómoda para Aidé, así que se acercó a Mateo y le preguntó —¿qué pasa?, ¿por qué no hablas con Javier?—, a lo que Mateo respondió entre lágrimas —él rompió la canasta de mi bicicleta—. 

Después de un momento Aidé decidió acercarse a Javier. Quién con ojos llorosos le contó —ayer Mateo y yo decidimos intercambiar nuestras bicicletas para hacer la última carrera antes de irnos a casa. Poco antes de llegar a la meta, me caí y rompí la canasta de su bicicleta—. 

Aidé recordó que tiempo atrás, en la escuela, le habían platicado de la mediación, una forma de resolver los conflictos que surgen entre dos personas. Esta era la ocasión perfecta para poner en práctica aquello que había aprendido. Aidé, como buena mediadora, antes de intentar ayudarlos les preguntó si estaban dispuestos a buscar una solución y continuar con su amistad. Javier respondió —claro que sí Aidé—. Mateo, por su parte, tomó algunos minutos para pensarlo y al final dijo a Aidé que sí. 

Los tres se sentaron en el pasto, Aidé en medio de ellos, Javier a la derecha y Mateo a la izquierda. Aidé comenzó diciendo —muchas gracias por estar aquí y por su interés en buscar una solución a lo ocurrido el día de ayer—. En ese momento, Javier y Mateo intercambiaron una pequeña mirada pero se mantenían en silencio.

Aidé dijo —en esta ocasión yo seré la mediadora, sepan que no estoy ni a favor ni en contra de ninguno de los dos. Siéntanse en confianza de decir cómo se sienten y compartir sus pensamientos, nadie más sabrá lo que platiquemos—. 

Cada uno de ellos tendría la oportunidad de contar lo que había pasado y de responder los demás comentarios, pero lo harían por turnos, con la intención de escucharse bien y respetar la palabra del otro. Para que el orden de los turnos no fuera motivo de discusión, se decidió en un volado que Javier comenzaría y después seguiría Mateo. 

Aidé escuchó atentamente cómo había comenzado todo, primero en la versión de Javier y luego en la de Mateo. Javier comentó —iba tan rápido que no pude notar que había algunas hojas de los árboles en el suelo, así que cuando pasé encima de ellas las ruedas se resbalaron y no pude mantener el equilibrio de la bicicleta. Entonces caí sobre la canasta y la rompí—.

Mateo dijo —no sabía lo que había ocurrido, lo único que recuerdo es que vi hacía atrás y me di cuenta de que Javier se había caído, me acerqué a él, en ese momento me di cuenta de que mi canasta estaba rota—. 

Aidé preguntó —¿Javier cómo te sentiste cuándo viste lo había pasado?—

—Me sentí muy mal, triste porque sé que la canasta era un regalo de sus papás— respondió Javier.

Más tarde Aidé le preguntó a Mateo —¿tú cómo te sentiste?—, Mateo respiró profundo y dijo —me dio tristeza y también coraje porque, como dijo Javier, era un regalo de mis papás. Sé que fue un accidente pero estaba triste y enojado. Papá dice que cuando nos enojamos decimos cosas que lastiman los sentimientos de los demás, así que preferí irme a casa—. 

Javier vio a Mateo y le dijo —Discúlpame, no fue mi intención—. Mateo se levantó, le dio un abrazo y aceptó sus disculpas.  

En este momento Aidé sonrío y le preguntó a Mateo —¿Hay algo más que podamos hacer para que te sientas mejor?—.

—¡Hay que hacer otra canasta!— gritó Mateo emocionado. 

—¡Sííííí!— respondieron Javier y Aidé

Al día siguiente, con un poco de ayuda de los papás de Mateo, los tres pequeños roedores hicieron una nueva canasta para la bicicleta de Mateo. 

A partir de ese momento Aidé, Javier y Mateo fueron mucho más unidos y su amistad continúo durante muchos años. Los tres contaron aquella anécdota a su familia y vecinos, con la intención de dar a conocer la mediación y en caso de ser necesario usarla para restablecer la buena convivencia en Villa Alfalfa

Y colorín colorado la mediación ha triunfado. 


Principios de la mediación

Escrito por Acuerda-MediacionFamiliar 20-07-2017 en Principios. Comentarios (0)

Principios básicos de la Mediación

Los principales son: 

Voluntariedad, confidencialidad y neutralidad o imparcialidad, la igualdad entre las partes y la flexibilidad.

La voluntariedad: Es el primero y de gran importancia ya que el proceso se inicia de forma voluntaria por todas las partes. No se puede iniciar ni finalizar el proceso de forma coaccionada. En ocasiones y por falta de conocimientos, esa voluntariedad a veces hemos podido observar en nuestro centro que esta ligeramente forzada, pues a veces los mediados que han sido derivados a través de un Juez que les ha recomendado la mediación, acuden por si acaso el Juez "se moleste".  Este tipo de voluntariedad, no es la deseada en el proceso. En estos casos, los mediadores tenemos que conseguir que esa voluntariedad sea sincera, ofreciéndole a nuestros mediados, la bonita cara de la mediación y todos los grandes beneficios que se obtienen de este proceso maravilloso.

 Imparcialidad:  Lo  deseable de este principio es que el mediador lo cumpla. No le de la razón a ninguna de las 2 partes y tampoco se inicie en dar soluciones a los mediados dando su opinión. Es muy difícil de realizar, y hay que tener mucho tacto en todo el proceso. Si en algún momento alguno de los mediados se siente discriminado por el mediador pensando que esta a favor de la otra parte,lo más recomendable para que el proceso siga adelante, es disculparnos y aclarar sin rencor esa sensación que le hemos causado, expresando de forma diferente lo que queríamos decir. Enfrentarnos o intentar convencerle de forma brusca lo que vamos a lograr es que el proceso finalice y perdamos la confianza de nuestro cliente dañando nuestra imagen al exterior.

   La Igualdad de las partes:  Lo ideal es conseguir que el acuerdo final tengan la misma responsabilidad, y poder todas las partes. Como mediadores no podemos permitir que los acuerdos se hagan solo con las exigencias de una de las partes. El acuerdo tiene que estar equilibrado por ambas partes. Si no se respeta ese equilibrio no hemos cumplido este principio y no se ha realizado un trabajo equitativo.

La Flexibilidad: Cada caso que asiste un mediador es diferente, diferentes personas, sentimientos, y aunque puedan parecer muchos casos parecidos no podemos tratarlos a todos bajo un mismo patrón. Cada persona es única, y que tengan los mismos ingresos, o el mismo número de hijos una familia, no determina su historia personal. Debemos ser flexibles, amoldarnos a nuestros clientes, a sus situaciones particulares y a sus deseos siempre que nos sea posible (sesiones de mañana o tarde, darles la oportunidad de llevar a sus abogados, etc). Lo importante es que ellos se sientan arropados por nosotros y vean que pueden confiar en el proceso. Dejando muy claro que quien coordina el proceso somos nosotros, los mediadores.

La Confidencialidad: Este principio los mediados es con el que se sienten más cómodos y va a aportar más confianza entre mediado mediador. A pesar de la importancia real que tiene este principio, los mediadores lo solemos cumplir a raja tabla pero los mediados no. Los mediados suelen comentar con otras personas las sesiones (familiares, sus abogados, etc). Lo ideal para intentar que este principio se cumpla, es recomendable que tanto las partes como el mediador firme un documento en el que se obligue a respetar este principio, así no hay interferencias por otras opiniones externas.


Espero que esta entrada sirva de ayuda tanto a los mediadores como a los mediados. Y que estos principios que parecen tan fáciles de seguir y cumplir, requiere de mucha práctica y mucho compromiso. La mediación no es solo un proceso alternativo de resolución de conflictos, es un arte y un estilo de vida.

Acuerda.

La pareja y los hijos/as

Escrito por Acuerda-MediacionFamiliar 01-06-2017 en Pareja e hijos/as. Comentarios (0)

La pareja y los hijos/as

Cuantas veces no hemos escuchado la frase de: “Cuando tengas un hijo la vida te va a cambiar”. Esto pasa porque la forma de pensar y las prioridades de los padres cambian. Antes la vida en pareja y las necesidades individuales eran más importantes. Ahora no, ahora lo más importante es el bienestar del nuevo miembro familiar.

Aquí en ocasiones, es cuando empiezan a surgir los conflictos familiares de más importancia pues dependerá mucho de los valores individuales de cada padre/ madre y la manera en la que se han criado para ponerse de acuerdo en decisiones importantes que va a afectar al futuro de su hijo/a. Estas decisiones van, desde qué colegio apuntar al hijo, el tipo de pediatra, actividades extraescolares, etc.

La manera en la que se han criado la pareja,  el tipo de educación que han recibido por parte de sus padres, las costumbres y los valores antes no era un problema, ahora sí, pues aunque tanto la madre como el padre quieren lo mejor para su hijo/a encuentran un impedimento y una gran decepción al ver que su pareja no piensa como ellos. 

El conflicto se vive en ese momento como algo dañino y no como una posibilidad de enriquecimiento entre ambos progenitores. Los niños estas peleas reiteradas las viven con mucho dolor y con sentimientos de culpa, esto hace que sientan ansiedad, estrés, baja autoestima que en ocasiones la reflejan con ira, problemas en el colegio y en los peores casos con depresión y aislamiento.

Estrategias para afrontar el conflicto

  1. La mejor manera de aceptar el conflicto y llevarlo a buen puerto es hablarlo, pero no a través de reproches, sino en buscar con la pareja diferentes alternativas no centrarse en la de cada cual.
  2. En los momentos donde hay mucha tensión parar de debatir y retomar la conversación con diferentes propuestas de solución 1 ó 2 días más tarde.
  3. No hablar del conflicto y mucho menos discutir delante de los niños.
  4. No usar un lenguaje culpabilizador (Tu eres…)
  5. Poner normas generales para todos en casa ( Se habla bajo, no se insulta, etc)

Lo más importante es afrontar los conflictos porque dejar que se arreglen “solos o con el tiempo” no va a solucionar nada, solo empeorar la situación en casa.

“Aceptando el presente se cambia el futuro, tú decides”

Acuerda.